Ilustración servicio denegado Noizze Media

Servicio denegado por… ¡PESADO!

¿Sabías que si eres un pesado (literalmente “annoying”) WhatsApp puede cancelarte tu cuenta? ¿O que igualmente si resides en un país sospechoso de apoyar el terrorismo, también? ¿Sabías que Skype guarda tus mensajes entre 30 y 90 días? ¿O que puede compartir información tuya con hasta más de 20 redes de anunciantes para ofrecerte anuncios personalizados? ¿Sabías que si instalas UseQwitter estás aceptando que la aplicación publique tweets por ti?

Es la llamada “letra pequeña”. Dícese de esa larga retahíla de párrafos imbuidos de esencia jurídica y aderezados con términos técnicos que no conoces, pero que no tienes ningún recelo en aceptar con tal de poder enviar un mensaje gratis, subir una foto o gestionar múltiples perfiles tuyos en redes sociales.

Repasamos en una serie de posts (“La letra pequeña”), por no crear uno demasiado largo, algunas curiosidades que nos han llamado la atención de las Políticas de Privacidad y Términos de Uso del Servicio de algunas de las grandes compañías estadounidenses. En otro post más adelante, analizaremos las condiciones legales de servicio de algunas empresas españolas, que tampoco tienen desperdicio.

No todos pueden utilizar mi producto

Grandes defensores de las libertades y derechos civiles, resulta que no todas las personas pueden usar los productos y servicios de las empresas estadounidenses.

Con más de 20.000 millones de mensajes diarios enviados y recibidos, WhatsApp tiene una de las políticas de privacidad y de uso más curiosas que hemos encontrado, por ahora. Resulta paradójico que cualquiera se pueda descargar la aplicación desde iTunes o Android Market, o incluso que venga preinstalado en el Nokia Asha 210 y, sin embargo, la compañía fundada por los ex Yahoo! Brian Acton y Jan Koum, reconozca claramente que  “el servicio está pensado y dirigido para usuarios de Estados Unidos”.

Llama también la atención el hecho de que la aplicación no la puedan usar menores de 16 años –la mayoría de las empresas establecen la barrera en los 13 años–, salvo que se hayan emancipado o cuenten con el permiso paterno, o que tampoco la puedan usar ciudadanos residentes en países sujetos a un embargo por parte de Estados Unidos o países sospechosos de apoyar el terrorismo. Así que si eres un chaval norcoreano y estás leyendo este post, mejor usa Line (aunque no hemos leído sus condiciones de servicio).

Otro caso curioso es el de Apple. Se vanaglorian en EE.UU de no hacer diferencias por credo, sexo o creencias políticas, y, sin embargo, resulta que sí que las hay a la hora de usar determinados software en función de dónde trabajes. Los productos de la compañía de la manzana son objeto de culto y deseo por gran parte de la humanidad, pero si quieres utilizar su software deberás pensar mejor qué estudias o en qué trabajas dado que “el software Apple no está destinado a ser utilizado en actividades de plantas nucleares, navegación aérea, sistemas de comunicación, máquinas para el control del tráfico aéreo, instalaciones hospitalarias u otros equipos en los que un fallo del software Apple podría causar la muerte, daños personales graves o serios daños al medio ambiente.”

Vamos, que en vez de esperar a que te etiqueten como el software del “reiniciar”, es mejor reconocer que tu software puede fallar y que no quieres tener líos. Así que si trabajas en las centrales de Trillo, Vandellós II o Garoña o en algún aeropuerto de AENA, por favor desenchufad los iPads y los iPhones.

Lo que no debes hacer

Si existen cláusulas llamativas por las que no debes usar el servicio, no menos curiosas son las estipulaciones por las que una empresa puede cortar tu servicio y eliminar tu cuenta por un mal uso.

La más original de todas vuelve a ser, sin duda, la de WhatsApp. Entre otras muchas violaciones de los términos de uso del servicio, la compañía señala que “puede terminar con el acceso al servicio por parte de un usuario si se empeña en infringir de forma recurrente, o por cualquier razón o ninguna, incluyendo ser un pesado”. Lo que me extraña entonces es que en el Congreso sigan usando esta aplicación.

Señala también la compañía que puede darte de baja del servicio “si usas o lanzas cualquier sistema automático, como robots, arañas, lectores offline… {} que accede al servicio en un modo que en un periodo de tiempo dado, manda más solicitudes de envío de mensajes a los servidores de WhatsApp de los que un humano podría producir de forma razonable en el mismo periodo”.

Y un último argumento para cortarte el servicio, similar al de la mayoría de las empresas, es que no puedes subir a tu estado material con derechos de autor. Sí te permite, por el contrario, subir contenido pornográfico, siempre que lo identifique como tal y no infrinja los derechos de autor de terceros.

Otro argumento habitual en las empresas para suprimir tu cuenta es cuando vas de listillo e intentas usar con fines profesionales y lucrativos un servicio pensado para el ocio y disfrute de usuarios particulares. Así, la aplicación Shazam, que identifica la música que está sonando en un momento dado, te muestra más de 15 ejemplos de mal uso del servicio. El número catorce advierte que vigilará aquellos casos en los se produzcan más de 300 intentos al mes para reconocer música en los casos de servicio en que el resultado se devuelve vía SMS, o más de 1.000 intentos mensuales en los demás casos –por ejemplo para usuarios de  iPhone & iPod Touch, Android, BlackBerry, Nokia, iPad y Windows Phone 7– en los que el resultado se muestra por pantalla. Es decir, que si en la discoteca no dejas de enviar peticiones a Shazam en vez de preguntarle al DJ qué está poniendo, la compañía londinense te desconectará por pesado.

En fin, que esto se alarga y prometimos al principio convertir esto en un post y no en un tedioso documento de términos de privacidad y uso. Así que ahí va nuestro último consejo de hoy: moraleja, no vulneres las condiciones de servicio. Más que por ser legales, por no tener que costearte un viaje a Los Ángeles, ya que cuando aceptas las condiciones de uso de los servicios de la mayoría de las empresas de Silicon Valley, aceptas someterte a la jurisdicción de los tribunales de California.