Neutralidad y honestidad en las Relaciones Públicas

Una de las primeras enseñanzas cuando estudiamos Periodismo es que siempre que “hay que ser neutral”. Algo totalmente imposible en cuanto empiezas a razonar qué es ser neutral. De ahí llegamos a algo, tal vez, más fácil de conseguir si se trabaja en ello: hay que ser honesto.

Ser neutral es muy complicado desde el momento en el que eliges contar una cosa y no otra, usas un vocabulario para narrarla y no otro, expones ante un público y no ante otro… sin embargo, ser honesto es bastante más sencillo: contextualizas por qué cuentas el hecho, por qué lo haces de esa manera y no de otra, si tienes alguna relación directa o indirecta con el mismo… y aunque parezca algo sencillo nos damos cuenta de que no todos los profesionales lo practican, tal vez a propósito.

Cuando valoramos desde fuera el trabajo que realiza una agencia de comunicación, en muchas ocasiones se menosprecia la honestidad porque el objetivo final es conseguir en la opinión pública una visión favorable hacia un producto o servicio. Pero volvemos al razonamiento inicial. Si desde la agencia se deja claro que esa es la intención (ya sea simplemente con una nota de prensa oficial con el logotipo de la empresa que vende tal producto u ofrece tal servicio), la honestidad se manifiesta por sí sola.

El problema, en cualquier caso, es nuestro (como tantas veces), porque en muchas ocasiones ni siquiera nosotros mismos somos honestos. Intentamos, por ejemplo, conseguir una opinión positiva de los consumidores pagando a ciertos influencers para que publiquen sus fotos alabando algo que tal vez nunca usarían, sin dejar claro que se trata de una campaña o mostrando de manera nada natural ni sutil lo felices que son con nuestro producto.

Son las marcas, ya sea a propuesta del cliente o de la propia agencia de comunicación, las que tienen que hacer valer su honestidad y su prestigio dejando claro que se trata de una campaña (de la misma manera que en la llamada prensa tradicional se pone sobre aviso al lector con un cartel de ‘contenido patrocinado’ o ‘publirreportaje’, como en la foto que ilustra este post) y no de un arrebato del influencer por intentar convencernos per se de las bondades de algo. (sobre todo si “de repente” son varios los influencers los que “se ponen de acuerdo” en disfrutar de un mismo producto a la vez).

En caso contrario, estaremos echando piedras contra nuestro propio tejado y en poco tiempo se hundirá por un peso que no podemos soportar.